60 Frases sobre la alegría para compartir

La alegría. Una palabra que dice mucho y, precisamente, dice mucho por todo lo que significa a escala corporal. Es que los vocablos pueden ser distantes, fríos, sumamente sobrios; o muy cercanos, calurosos, extractos que modifican a la gente en la actualidad y en el recuerdo (que también actualiza). Ser felices, de eso se trata siempre, por eso aquí te proponemos 60 frases sobre la alegría, definiciones o dichos que algo tienen que ver con este curioso, bello y excepcional estado anímico (aunque variará lo último según la persona). Para arrancar mejor la jornada, modificar las malas vibras y expandir estados de algarabía por todas partes ¡No te pierdas el posteo!

Hermosas y profundas frases sobre la alegría

La alegría es un estado hermoso porque sentimos que todo es posible, que la vida tiene un sentido, que venimos bien y que posiblemente estaremos mejor. Aunque en rigor de verdad, por su mismo placer, nos contiene en el presente más absoluto. Le queremos sacar hasta el último zumo al ahora, luego, tal vez, se verá.

Las sonrisas tendrían que estar estratégicamente distribuidas en horas , minutos o instancias en la que más las necesitamos. Que aparezca en esos momentos lóbregos o abrumadores donde sentimos que todo se nos va al demonio, que sirva como índice siempre de que si estamos vivos y con salud ya somos lo suficientemente dichosos.

El concepto de perfección es peligroso, porque ese ideal del yo suele servir más como horizonte que como realidad. La consecuencia es que nos abrumamos ante un imposible, que frustra porque nunca llega. Lo mejor, por lo tanto, es ser feliz, porque quien entiende de estos tópicos se dará cuenta que la alegría está a la vuelta de la esquina, siempre y cuando estés dispuesto a verlo.

Es importante reconocer que no hay día para la felicidad. No podemos programarnos al mejor estilo autómatas y pensar, por ejemplo, que el lunes es sinónimo de sufrimiento o que las alegrías solo suceden los sábados. No, en todo caso que cada instante sea jornada para sonrisas.

Seamos un destino en lo que decimos, ya que si lo proferimos con total certeza ese pensamiento se puede volver realidad. Simplemente porque comprendemos que la fuerza de nuestras ideas es extrema y que nada nos puede detener; no hay magia o alquimia de por medio.

La felicidad es la única fuerza que si se divide se multiplica. Sí, semejante paradoja volvería locos a matemáticos y físicos; pero es de una realidad para muchos insoslayable. Tal vez compartir sea mirarse en el espejo, dar lo que uno quiere dar y verse en ello ¿Egoísmo? Tal vez, aunque del bueno.

En esa sintonía el amor solo puede ser alegría y no debes convencerte de lo contrario. Formemos hedonistas en este rubro y nunca mártires: si la ecuación tiene un saldo negativo mejor es seguir adelante, que siempre se puede hallar una persona que medre a la anterior.

Las risas son una especie de refugio al que siempre se puede recurrir en momentos malos o absolutamente neutros. Es que la misma nos otorga un mensaje muy fuerte: nada podrá opacar mi día, nos dice, porque yo decido cómo tendrá que ser.

No hay vuelta que darle: el hombre realiza denuedos exorbitantes por cosas, objetos; pero estos no dan felicidad. En todo caso la alegría debe estar en el momento, en esa instancia que nos tiene como protonista o espectadores afortunados. Los recuerdos se forman a partir de esa rica savia.

Si tu espíritu está alegre los problemas se resolverán, tu ánimo labioroso se despertará, lo negativo no arreciará ni siquiera se acercará a ti realmente. Pero lo repetimos: siempre será cuestión de cómo vislumbras la realidad.

La felicidad también es cuestión de inteligencia ¿Cómo poner semejante estado en manos de cosas volubles o realidades tornadizas? ¿De qué manera ser feliz si la condición de ello escapa a nosotros? ¿Por qué hacerlo con fundamentos tan complicados? Mejor una alegría fácil, somera y asequible.

Sin embargo, la contradicción puede llegar al máximo de su esplendor y seguir enriqueciéndose si comprendemos que las alegrías necesitas de las tristezas. Siempre de los contrastes sale la verdad y nunca de las polaridades; una verdad de viejo cuño.

Debes transfigurarte en una suerte de fortaleza inexpugnable, que decida cuando verse sometida por estados ajenos y que nunca baje las guardias frente a las malas energías. Sí, posiblemente es un trabajo arduo, que lleva tiempo; pero que vale la pena demasiado.

No debes dejar la felicidad en manos de otro. Sí, suena fácil, aunque no paramos de hacerlo, en cada instante de la vida. En un amor, en un amigo, en los padres, en esperanzas personificadas, etc. No, mejor que la felicidad tenga como fundamento  nuestro ser porque eso es encontrar un suelo firme, recio, algo sumamente importante.

La sonrisa debe quedar a pesar de todo. Incluso, lo decimos, como una simple respuesta inconsciente a momentos tristes y medulares. Es que el cuerpo tiene una memoria, reconoce en el gesto la situación alegre y quizás produzca a posteriori esa sensación.

Cada día debe ser momento de felicidad. Pensemos en que quizás el tiempo es contado, en que es esta vida y nada más, etc. No es para ser fatalistas y sentirnos sofocados, sino simplemente para salir adelante, para conseguir lo que queramos y saborear cada instante.

La alegría debe ir contigo siempre. Tenla presta porque en cualquier momento podemos necesitar de su ayuda. Es que algunas comidas sazonadas son más ricas; bueno lo mismo sucede con la vida: necesita de la felicidad de todas las jornadas.

Las alegrías son múltipmes, aunque todas respondan en un común denominador. La alegría de aprender, de conocer, de entender es una de las más desarrolladas por el ser humano. Sí, saber cómo responde el mundo, sentir que se puede estar en armonía con él es algo hermoso.

Forma tu decálogo de felicidad, recita a cada instante que semejante magia no te la van a quitar por nada del mundo. Es una decisión en definitiva, una decisión que se renueva en cada instante, a cada paso que damos y es importante siempre porque en cualquier segundo podemos escoger la contraria.

Hablar de los problemas le da excesiva entidad. Esto no quiere decir ocultarlos, pero sí tenerlos en cuenta solo para resolverlos. En cambio, podemos platicar sin cesar de nuestras alegrías, de esas pequeñas o grandes realidades que día tras día nos forman la sonrisa del rostro. En lo último no importa la repitencia ni la recursividad, salvo que a un tercero poco caritativo le moleste (poco nos importa eso, claro está).

Quien es inteligente comprende que la felicidad no está en las grandes cosas ni en los sucesos extraordinarios. No, se da cuenta que no es tanto la realidad acogedora, sino la mirada ensoñada la que hace feliz al mundo. No es ningún subjetivismo miope lo que proponemos, sino, simplemente, darle el lugar que corresponde a nuestra subjetividad. Cosas muy diferentes.

Con estas imágenes lo que buscamos, querido lector, es que reflexiones un poco sobre la felicidad. Si la vives, entonces que la ponderes; si te es esquiva, entonces que la busques. No hay otra razón, aunque es diáfano que el tópico posee tamaña sustantividad.

Frases buscadas:

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