Imágenes con frases profundas sobre los derechos humanos

El ser humano hace tiempo que se ha expandido por todo el globo y que tiene conciencia de ello. Quizás el segundo ingrediente sea el más importante, ya que saberse particular, comprender que existen otras civilizaciones y tradiciones, tras largas batallas, puede llevar a buenas concordias. Los derechos humanos, con sus objeciones y falencias, significan el intento de darle un marco de realización, dignidad y de facultades a los individuos por el solo hecho de ser seres humanos. Nada de raza, religión, sexo, color, opinión política, etc, que genere jerarquías falsas. Estamos a escasos días de un nuevo aniversario por los derechos humanos, por eso aquí te proponemos frases para recordar y, siempre, pensar ¡No te lo pierdas!

Imágenes con frases sobre los derechos humanos

Los derechos humanos son inalienables, sagrados, fundamentales y, sobre todas las cosas, universales. Es decir, más allá de las particularidades que puedan existir se reconoce que acaece siempre una esencia, un algo que nos hace todos iguales para reconocer por ejemplo la dignidad, la libertad, la no esclavitud y cuestiones por el estilo.

Siempre se ha pensado sobre todo desde los sectores subalternos que los derechos humanos no son más que artículos de fe para las clases más poderosas, mascaradas que encubrían intereses particulares como generales. Por eso tenemos que decir que son un progreso, que lo representan; pero siempre tendrán que ser perfectibles.

Y dentro de las múltiples luchas que abren los derechos humanos quizás la de género fue una perspectiva que en el lejano 1948 paso un poco inadvertida. Comprender que la mujer tiene que tener un papel de simetría absoluta en el mundo de las personas, que el Hombre, en genérico, también es la Mujer, aunque la gramática falocrática lo olvide.

Hay una enorme diferencia entre pensar algo como realidad y como ideal. Lo primero indica que es aquí y ahora; lo segundo que es un derrotero arduo y aún queda mucho para conseguir ese modelo. La cuestión radica en que si tomamos la primera tesitura nos olvidamos en la falsificación que siempre en materia de derechos se puede mejorar.

El concepto de derecho humano tiene una historia reciente, ya que este vocabulario que hoy utilizamos con desenvoltura fue fruto de la revolución francesa y otros procesos complejos que abrieron plenamente el reconocimiento de una humanidad universal, algo sumamente impensado en época feudales. De ahí su importancia.

Pero finalmente, y de ahí estriba el Día de los Derechos Humanos, un 10 de diciembre en 1948 los países vencedores de la segunda guerra mundial se pusieron de acuerdo, por medio de la Asamblea General de las Naciones  y redactaron un documento con diversos derechos, sobre todo abundando los de carácter individual, político si se quiere.

La vida hay que vivirla, lo decimos desde la redundancia, porque claramente es un placer que se ve a sí mismo y que debe comprenderse así por su importancia. Cualquier persona, por el simple hecho de ser humano, tiene ese derecho y nada puede arrebatárselo. Cuidar este bien es lo que debe hacer cualquier institución o gobierno.

Los derechos humanos deben abogar no solo ante los grandes sucesos, como una suerte de divas que emerjen frente a las enormes luces. No, las injusticias, violencias y asimetrías surgen todos los días, se observan en  lo infinitesimal. Esto por lo menos lo tenían en claro los autores de la declaración como Eleanor Roosevelt.

La declaración de los derechos humanos tiene un valor simbólico importante, insoslayable; pero no deja de ser un documento orientativo. Son los sinnúmero de pactos que se articulan a aquel lo que obligan a aceptar a los Estados todos los derechos de las diversas generaciones.

¿Y cómo se trata la particularidad? ¿Lo irreductible de una diferencia notoria? Muy simple: comprender que no todos somos iguales no equivale a realizar el sueño imposible de la simpleza absoluta, sino respetar la diversidad y dejarla dentro de un marco de igualdad.

Buscar un fundamento de igualdad, de eso se trata la universalidad en los derechos humanos. Tenemos civilizaciones, creencias, ideas y tradiciones diversas; pero al fin y al cabo en el mundo es pequeño, tenemos que convivir y, tal vez, por otro lado, las formas de dominación y violencias sean lo suficientemente parecidas para modificar.

Los procesos son eso: lentos, con idas y vueltas, llenos de derroteros tortuosos. Por eso a los derechos humanos es abstruso encontrarle una génesis clara ¿El humanismo del renacimiento? ¿La revolución francesa? ¿Los filósofos que creían en un iusnaturalismo y en derechos naturales? ¿La misma erección del capitalismo sobre los escombros del feudalismo? Todo eso, siempre, es la respuesta.

¿Existen valores universales? ¿Podemos realmente meter en la misma bolsa, como se dice de manera chabacana, a la humanidad toda? Evidentemente la premisa de los derechos humanos es que sí, aunque haya que luchar por un constructo verdaderamente diverso, donde cada cultura o civilización haga su aporte en igualdad de condiciones ¿Eso se ha logrado? No, tal vez esa sea la gran deuda, entre otras, de los derechos humanos.

No puede existir la Justicia con mayúscula, alejada, simplista, selectiva solo para ciertos seres humanos en el mundo; y otra pequeña, terrenal, pobre, débil, que no puede amparar a los más necesitados. No, el concepto de derecho humano realmente deja de lado semejante visión última.

¿Qué es un derecho humano? Un conglomerado de instituciones, facultades, posibilidades y accesos que tiene todo ser humano para realizarse como persona. Es una realidad porque supuestamente se lo considera así; una idealidad porque siempre habrá mucho que trabajar en semejante construcción.

Los tratos inhumanos deben estar acabados, porque presuponen una jerarquía inexistente entre los ser humanos. Si analizamos las grandes violencias históricas (y también las pequeñas) podemos vislumbrar que la condición de posibilidad de toda injusticia es una asimetría como fundamento.

Es que nunca a quien consideramos como igual podemos utilizar, usar, maltratar, violentas, juzgar negativamente antes de tiempo o algo por el estilo. La igualdad, por lo tanto, no puede ser un mero vocablo, sino realmente sentirse como una idea que se haga carne y nunca nos deje; algo de lenta elaboración, aunque vale la pena.

Si no se cree en una génesis divina, podemos considerarnos de todo modos milagros ¿Por qué vine al mundo? No lo sabemos; somos un trozo de cosmos que dice yo. Bueno: el fundamento de cualquier humanismo y por lo tanto de los derechos humanos es que si yo soy un milagro, si mi vida es infinita en valor, la del otro también debe ser así. Nunca podré quitar una existencia ante semejante pensamiento.

Se habla de prójimo en muchas religiones, sobre todo la más global como la cristiana ¿Aplicamos ese concepto? ¿Realmente consideramos al otro en una situación de pie de igualdad? ¿O todo lo que decimos es hojarasca que se la lleva el viento? Estos interrogantes siempre deberían ser hechos, por lo menos en nuestro fuero interno.

El pensamiento siempre será la base, aquello que llena de dignidad y ponderación al hombre. Utilizémoslo con la naturaleza, con otras clases de vida y, sobre todo, entre nosotros. Es vital respetar al hombre, considerarlo un igual, de ahí la enorme significación que tienen los derechos humanos porque hablamos de supuesta universalidad. Una festividad importante, por lo tanto, se cierne en el mundo el próximo 10 de diciembre. Aquí te invitamos, como siempre, a reflexionar.

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