Frases filosóficas profundas para compartir

Una frase que sirva para desgarrar el velo. Sí, empezamos con semejante dicho no porque sea enigmático, bello o un juego retórico, sino porque es lo que muchas veces pretendemos ¿Qué cosa? Algo que nos quite del sitio, una lectura que rompa los esquemas, un reflexionar que se apodere de nuestra mente para seguir adelante pese a todo lo que nos profieren. Todo lo dicho anteriormente deja en claro una realidad: el cavilar es la única forma para romper con lo antepuesto y con lo que sobremanera imponen otros. Queremos abonar a esa empresa de libertad, por eso te presentamos frases filosóficas profundas para compartir.

Frases profundas y filosóficas

Pensar siempre deberá ser nuestro norte. Romper con lo dado, dejar de lado la imposición, utilizar como máxima herramienta la suspicacia ante cada realidad que se nos presente como algo eterno. En realidad, en el mundo humano no hay nada que escape de su mano, así que dudemos de esencias y yerbas por el estilo. Es más: podemos anunciar que lo natural no es solo más que algo cultural, un hecho de poder, una imposición. Lo retimos: el pensamiento siempre será esencial, por lo menos como máquina de libertad.

La imaginación es un arma prodigiosa: nos lleva a mundo nuevos, no permite vislumbrar lo que no es en lo que es; en definitiva, hace que demos un salto de calidad. Sin embargo, también es cierto, respecto a realidades negativas, que puede generar malhumores, temores, dolores absolutamente infundados. En todo caso, entonces, imaginemos con tasa.

Somos animales gregarios, necesitamos de un otro para el cobijo, el alimento y hasta por deseos bien sofisticados; sin embargo, una vez obtenido el fundamento la soledad puede volverse adictiva. Sentirse bien solo, considerarse independiente son realidades muy cercanas para demasiadas personas.

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El miedo es la peor alimaña: atemoriza, imposibilidad, inmoviliza, básicamente podríamos colocar cualquier prefigo que dé cuenta de la negación. Pero, aunque no se crea, sirve de algo: como índice a superarse, como señal que indica que tal vez aunque nos llene de miedo vale la pena intentarlo.

Los pensamientos son los peores enemigos. Sí, es una frase o un apotegma que seguramente hemos escuchado en todas partes ¿Por qué? Porque son interiores, tan simple como eso. Con un antagonista interno podemos cuidarnos, medirlo, incluso sopesarlo desde una distancia prudencial; en cambio, los pensamientos son tan cercanos que cuando nos deshacemos de algunos de ellos nos damos cuenta que se hicieron carne de nuestra carne.

Quizás la vida no es modificar de sitio, quizás, aunque suene loco o falto de lógica, todo se reduce a estar en el mismo lugar ¿Y entonces? Y entonces nos percatamos que el quid de la cuestión es mirar con otros ojos la realidad, es darse cuenta que con otro mirar el mundo nos devuelve un distinto paisaje. Probemos, querido lector.

Tropezar nunca será malo; tropezar es una obligación ¿Pero cómo? ¿Nos encariñamos con la piedra y la decretamos el lugar por antonomasia de nuestro existir? No, nadie dice que cometamos los mismos errores, sino que justamente los errores, variopintos en el trayecto del existir, son los que nos hacen crecer. Ergo, nada grande nace lejos del error y la frustración.

Tú eres un ego, tú eres el centro del universo para ti. Semejantes dichos no son ególatras, sino la simple realidad. Por lo tanto, lo que te decimos con todas las fuerzas es que te conviertas en un baluarte, que aprendas a trabajar con lo que dicen de ti y cómo afecta tu vida.

La cuestión radica en mejorar los argumentos ¿Que no tenemos los mismos efectos? Comencemos a pensar que una discusión que busca la verdad no se reduce a un juego de dos bestias; ergo, poco importa lo que llegue a los demás si de tu lado está la sabiduría y el respeto.

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Poder y hacer no siempre van de la mano. Sí, puede que suene raro porque cavilamos siempre que un auténtico poder permite cualquier hacer, sin embargo, eso ya es impunidad. No, en rigor de verdad un sabio con todas las letras permea o no ese hacer si es correcto o no.

Poseer un gran bagaje cultural, tener al alcance muchas lenguas, haber leído muchos libros no te hace realmente sabio. En verdad, la sabiduría es si se transmite, existe si con ella podemos acercarnos al otro.

El querer es deseo, por lo que siempre nos apunta a un porvenir que por lo general no está realizado ni en ciernes muchas veces. Sin embargo, este accionar humano no debe olvidarse de una cuestión: lo que tienes y lo que eres hoy, las riquezas que te rodean y que muchas veces pierden ponderación por lo que anhelamos a futuro.

¿Y si todo tiene un plan perfecto? ¿Y si nuestras vidas están excepcionalmente digitadas? En rigor de verdad, el ser humano es una ruptura, una nada en el gran ser. Digamos con otras palabras: si hay un componente de indeterminación o libertad en el universo es por el ser humano. La naturaleza no hizo nada en vano, ni siquiera al hombre que crea su propio hacer.

Todo tiene un precio, todo está etiquetado, envasado y listo para ser vendido en el mercado de la vida. Sin embargo, con el tiempo tomamos conciencia que una sonrisa, un abrazo, un tiempo compartido, un secreto son esas realidades que nunca podrán ser compradas porque tienen un valor infinito como la vida misma.

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El sabio no tiene por qué ser verborrágico. No, en rigor de verdad el sabio piensa todo lo que dice, pero no dice todo lo que piensa ¿Y por qué? Porque comprende que hay una profusa sabiduría en el callar, porque no musitar una sola palabra, aunque no se crea, es ya anunciar algo, tal vez una realidad demasiado gravosa.

Todo lo que no nos guste lo debemos cambiar, porque si es algo que nos molesta mucho es porque es demasiado cercano. Y sí: es claro que existen realidades absolutamente independientes a nuestro poder; sin embargo, hay muchas otras que son cercanas, accesibles, capaces de ser modificadas.

No puedes quedarte en el dolor, pero debes atravesarlo. Para incorporar alegría, llenar el tanque de la felicidad tal vez sea indispensable vaciarlo de tristezas y agobios. La cuestión resulta ser bastante dialéctica; nos desarrollamos conforme se desenvuelven las mismas contradicciones.

El amor debe ser algo que sume, que nos traslade a bellas realidades, que nos haga pensar en futuros más promisorios. Si no acaece eso, realmente no estaría sirviendo nada, de hecho, sería un simple propagar el dolor. Que el amor nunca apriete.

Todo está en estado de unión, de agregación, porque interviene el amor. Entendido así, como hacían los antiguos, el amor no deja de ser el gran edificador de todo lo que es o, mejor dicho, la condición de posibilidad de todo lo que es en cuanto es. Grandioso portento, sin lugar a dudas.

Quizás por ganas de vencer en una discusión, tal vez por anhelo de demostrar galantemente lo que sabemos; en fin, es un arte complejo el aprender a callar. Pocos lo terminan dominando y a veces toda una vida pasa para ponerlo en práctica de una manera óptima.

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